Peligrosa Para la Comunidad LGBTT la Unión Entre la Iglesia y el Estado

comunidad lgbttLa comunidad LGBTT y otras comunidades marginadas sufren ante la unión de la iglesia y el estado
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Por: Francisco “El Jimagua” Cartagena Méndez*/Columnista TRT—

La historia ha demostrado el peligro de los gobiernos teocráticos y totalitarios. La separación Iglesia/Estado es de vital importancia para mantener un país laico, en el cual exista un balance para que no se legisle imponiendo una creencia religiosa sobre las demás religiones o sobre quienes no son creyentes.

En el Artículo II de la Constitución, bajo la Carta de Derechos, se establece en la Sección 3 la Libertad de Culto. “No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la Iglesia y el Estado”, reza la Constitución.

La realidad es que en Puerto Rico y en Estados Unidos no existe la total separación entre iglesia y estado. En los Estados Unidos, los presidentes han popularizado la expresión “God Bless America” o en español ‘Dios bendice América”. Además, muchos estados, senadores y congresistas crean leyes totalmente discriminatorias utilizando sus religiones como marco de referencia.

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Francisco “El Jimagua” Cartagena Méndez
Foto: Facebook

En Puerto Rico, muchos políticos legislan imponiendo sus creencias religiosas, se decretan días de ayuno por parte de alcaldes, y muchos jueces del Tribunal Supremo de la isla emiten su juicio y sus decisiones en casos relacionados a la comunidad LGBTT basándose en su religión. Además, en Puerto Rico existe lo que se conoce como las “Oficinas de Bases de Fe”, las cuales continuamente son cuestionadas debido a que funcionan con fondos del estado.

El licenciado Hiram Meléndez, en su artículo “La Iglesia y el Tribunal se fueron al campo un día” indica que la aspiración política y constitucional de impedir que el clamor de Dios se desplace a todos los confines del Estado (y con ello evitar que se menoscabe la libertad de culto de creyentes y no creyentes), es sociológicamente inexistente. El balance  de que se realice por un calibrador inmerso en esta tradición, será todo menos armonioso (Meléndez, 2014).

Por otro lado, en una noticia publicada en un rotativo en Puerto Rico, el portavoz de la agrupación “Dios le debe a Hacienda”, Amado Martínez, indicó que las iglesias no pagan impuestos sobre sus ingresos, pero deciden lo que se hace con el dinero de nuestras contribuciones cada vez que pretenden imponer sus creencias en la educación pública y en las leyes que nos gobiernan a todos y todas (Martínez, 2015).

La película “V For Vendetta”, es un claro ejemplo de lo que pudiera llegar a ser un estado teocrático (que gobierna en base creencias religiosas extremistas). En esta película, pudimos observar que la música y el arte fueron prohibidos a toda la población, la cual vivía en completo temor y sumisión. En efecto, a los partidarios de la ciudadanía se le acusaba de pecadores y se les imponía castigos si incumplían con las reglas dogmáticas del gobierno religioso.

Muchas religiones en el pasado atentaron contra los derechos y las libertades de los esclavos, los negros y de la mujer. Actualmente, se lucha por los derechos de la Comunidad LGBTT—debido a denominaciones religiosas como la católica y la evangélica (en el caso de América)—que se inmiscuyen en los asuntos seculares del estado en un intento por imponer sus creencias religiosas discriminatorias y pretenden impedir la equiparación de los derechos constitucionales y legales entre heterosexuales y gays.

Es importante resaltar que en el mundo existen diversas creencias religiosas. Sería injusto imponer la religión cristiana sobre la budista o viceversa. De igual manera, no se puede imponer una religión sobre quien no es creyente.

La biblia cristiana es un libro antiguo el cual, representando un contexto cultural de una época muy diferente a la nuestra, constantemente es citado por líderes religiosos fundamentalistas para condenar ciertas orientaciones sexuales o ciertas vidas y acciones propias de los hombres y las mujeres. Un gobierno teocrático supondría entonces un completo atentado contra la libertad de los seres humanos.

Imagínese un gobierno religioso que utilice las condenas de la biblia y las convierta en leyes. Se tendría que apedrear hasta la muerte a los niños malcriados, así como asesinar a quien coma crustáceos o utilice ropa realizada con dos telas diferentes. Los gays sufriríamos la peor parte ya que seríamos completamente exterminados por supuestos cristianos siguiendo los preceptos de una biblia que también hace el llamado de amar al prójimo y que fundamenta en sus mandamientos el “no matar”.

La separación entre iglesia y estado debe garantizar que no se promueva un dogma o creencia en particular sobre otras religiones. Sin embargo, el dogma cristiano es continuamente privilegiado sobre otras creencias violentándose la libertad de culto.

Lo único que podemos unir en nuestras sociedades es el respeto a la libertad y al reconocimiento pleno de que todos los derechos y protecciones deben ser para todos y todas, sin importar la creencia religiosa, la orientación sexual o el color de piel de un ser humano, su sexo, su origen etc. Por todo lo demás, nunca unas a la iglesia con el estado.

Para comentarios envíele un correo electrónico al autor: [email protected] | o vía Twitter: @eljimagua.

*Escritor y activista de derechos humanos de Puerto Rico. Editado por Gricel Martínez Ocasio.

 

 

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