A disfrutar las festividades, y que tengan un ¡Próspero año Nuevo!

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Por: Gricel Martínez Ocasio/Publicadora de TRT

Este tiempo es uno particularmente difícil para muchos latinos de la comunidad LGBT (lésbica, gay, bisexual y transgénero). Durante estos momentos muchos de nosotros no tenemos el amor y apoyo de nuestros seres queridos, dada su ignorancia o dificultad de nuestras vidas. Piensan que hemos escogido vivir “gay” cuando la realidad es que nacimos siendo “gay”. Es una pena el que muchos padres latinos todavía no acepten a sus hijos e hijas por quienes son-seres humanos engendrados por ellos mismos y creados por el divino Creador.

Si Jesucristo mismo no juzgó, ni maltrató a nadie, ¿por qué piensan algunos seres queridos que pueden hacerlo? Esto no es el mandato de Dios. El llamado fue que “nos amaramos todos como nos ama Dios.” Mucho más importante aún, el mandato de las escrituras del Nuevo testamento  explica que para entrar al Reino De Dios hay que seguir dos principios. El primero, “amar a Dios sobre todas las cosas.” El segundo, “amar a tu prójimo como a ti mismo/a.” Si ese es el mandato, ¿qué tipo de religión, familia, amistad, etc. puede entonces recriminarnos, juzgarnos y maltratarnos por ser “gay”? Nadie debe hacerlo. No debe haber abandono de un hijo de Dios por ninguna razón, punto. Todos somos hijos/as del ser divino al que muchos llaman Dios y todos somos iguales ante sus ojos.

En estos días en el que muchos celebran festividades religiosas, debemos también hacer hincapié y recordarnos de las enseñanzas fundamentales a seguir. No es justo el que un padre, una madre, un/a hijo/a, un/a hermano/a sea aislado por el mero hecho de que esa persona es “gay, lesbiana, bisexual o transgénero”. Es una acción que va en contra de lo enseñado por Cristo, y es algo hiriente que le hacemos al prójimo, y ese no es el “llamado”. De antemano las personas de la comunidad LGBT ya vivimos vidas difíciles pues muchas veces nuestros seres queridos no valoran nuestras relaciones, matrimonios y uniones. Es un sentimiento que duele, y que no hace sentir bien al que lo recibe y no debería hacer sentir bien al que lo envía. Quizás en este tiempo de agradecimiento y festividad, pueda recapacitar y meditar en estas palabras, y quizás tratar de entender al informarse mejor sobre la vida de esa persona de su familia que es parte de la comunidad LGBT, pero a quién no le habla, o ha abandonado. La aceptación legítima y única ocurre cuando hay aprecio, amor, y cuando se demuestra al hablar orgullosamente de los miembros de nuestra comunidad, sin importar el “qué dirán”. Una persona en mi vida me ha hecho sentir así desde el momento en que salí del “closet” inmediatamente y esa persona fue mi adorara tía y madrina Aida. Y a mi hermana Marilyn, por haberme apoyado, entendido y haber sido también una portavoz de información a las personas  que, sin saber, forman una opinión de otros que ni tan siquiera conocen. A ellas dos, esta vez, les dedico este artículo.

Este tiempo es uno particularmente difícil para muchos latinos de la comunidad LGBT (lésbica, gay, bisexual y transgénero). Durante estos momentos muchos de nosotros no tenemos el amor y apoyo de nuestros seres queridos, dada su ignorancia o dificultad de nuestras vidas. Piensan que hemos escogido vivir “gay” cuando la realidad es que nacimos siendo “gay”. Es una pena el que muchos padres latinos todavía no acepten a sus hijos e hijas por quienes son-seres humanos engendrados por ellos mismos y creados por el divino Creador.

Si Jesucristo mismo no juzgó, ni maltrató a nadie, ¿por qué piensan algunos seres queridos que pueden hacerlo? Esto no es el mandato de Dios. El llamado fue que “nos amaramos todos como nos ama Dios.” Mucho más importante aún, el mandato de las escrituras del Nuevo testamento  explica que para entrar al Reino De Dios hay que seguir dos principios. El primero, “amar a Dios sobre todas las cosas.” El segundo, “amar a tu prójimo como a ti mismo/a.” Si ese es el mandato, ¿qué tipo de religión, familia, amistad, etc. puede entonces recriminarnos, juzgarnos y maltratarnos por ser “gay”? Nadie debe hacerlo. No debe haber abandono de un hijo de Dios por ninguna razón, punto. Todos somos hijos/as del ser divino al que muchos llaman Dios y todos somos iguales ante sus ojos.

En estos días en el que muchos celebran festividades religiosas, debemos también hacer hincapié y recordarnos de las enseñanzas fundamentales a seguir. No es justo el que un padre, una madre, un/a hijo/a, un/a hermano/a sea aislado por el mero hecho de que esa persona es “gay, lesbiana, bisexual o transgénero”. Es una acción que va en contra de lo enseñado por Cristo, y es algo hiriente que le hacemos al prójimo, y ese no es el “llamado”. De antemano las personas de la comunidad LGBT ya vivimos vidas difíciles pues muchas veces nuestros seres queridos no valoran nuestras relaciones, matrimonios y uniones. Es un sentimiento que duele, y que no hace sentir bien al que lo recibe y no debería hacer sentir bien al que lo envía. Quizás en este tiempo de agradecimiento y festividad, pueda recapacitar y meditar en estas palabras, y quizás tratar de entender al informarse mejor sobre la vida de esa persona de su familia que es parte de la comunidad LGBT, pero a quién no le habla, o ha abandonado. La aceptación legítima y única ocurre cuando hay aprecio, amor, y cuando se demuestra al hablar orgullosamente de los miembros de nuestra comunidad, sin importar el “qué dirán”. Una persona en mi vida me ha hecho sentir así desde el momento en que salí del “closet” inmediatamente y esa persona fue mi adorara tía y madrina Aida. Y a mi hermana Marilyn, por haberme apoyado, entendido y haber sido también una portavoz de información a las personas  que, sin saber, forman una opinión de otros que ni tan siquiera conocen. A ellas dos, esta vez, les dedico este artículo.

Gricel Martínez Ocasio es la Publicadora del periódico The Rainbow Times. Ella es tiene un Bachillerato en periodismo de Temple University y tiene una Maestría en Administración de Empresas de Marylhurst University. Ella vive felizmente en Massachusetts, casada con su esposa del mismo sexo, Nicole.


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